Adiós, papá

Adiós, papá
Ayer se fue el hombre que me enseñó a seguir las huellas del lobo en el monte.
Los ciervos, los jabalíes, los venados de la Reserva Natural de Saja suspiran por él.
Los robles, las hayas, los avellanos y las brañas recuerdan sus pasos al amanecer.
El hombre que amaba ver salir el sol entre la niebla junto a sus perros.
El hombre que conocía cada manantial de aquellas montañas.
Su vida fue el monte, y verde era su alma.
Verde y libre.
Libre de dioses, de credos y cleros.
Sin saberlo él, y sin que yo lo advirtiera, fue la inspiración para “mi” Dagda en “La pintora de bisontes rojos”
Ayer se fue el hombre que una lejana mañana me enseñó a seguir las huellas del lobo en Sejos, y se llevó tanto de mí como dejó conmigo.
Hasta pronto, papá.

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