DRÁCULA

«…Ante mí se hallaba un caballero anciano, recién afeitado, excepto su bigote blanquecino, ataviado de negro de pies a cabeza, sin la menor sombra de color en parte alguna. Sostenía en su mano una lámpara antigua de plata, cuya llama ardía sin ninguna pantalla protectora de vidrio, vacilando bajo la corriente de aire y proyectando unas sombras alargadas y oscilantes a su alrededor.
Con un cortés ademán de su mano derecha, el anciano me rogó que entrase en el castillo, exclamando con un acento inglés impecable, aunque con un tono extraño:
-¡Sea bien venido a mi morada! ¡Entre en el castillo por su propia voluntad!…»

 

Bran Stoker describe de este modo el encuentro de Jonathan Harker, protagonista de su memorable novela, con el seductor y aterrador a la par conde Drácula. Abraham Stocker (1847-1912) publicó en 1897 una novela que serviría para que el paradigma del terror se encarnara en una figura literaria cuya poderosa personalidad impregnaría al ser humano para toda la eternidad. Dicho sea de paso, tengo para mí que algunos autores (curiosamente en la Inglaterra victoriana fue éste un fenómeno singularmente frecuente) son escogidos, utilizados podría decirse, para dar vida a determinados seres destinados a convertirse en iconos cuya personalidad eclipsa por completo a la de sus propios creadores.

Stocker buscó inspiración en leyendas del centro y del este de Europa para dar forma a su criatura. O eso creía él. Al parecer, la figura de Vlad Draculea o Vlad Tepes (1431-1476) sirvió especialmente para sus propósitos. Este cristiano príncipe de Valaquia cobró sangrienta fama por su afición a empalar a los prisioneros turcos que caían en su poder, sin sospechar que un día un escritor irlandés se inspiraría en su crueldad para dar forma a una criatura eterna cuyos restos, a decir de la tradición, reposan en la tumba que aparece en la fotografía, en el monasterio de Snagov, situado en una isla en medio del lago del mismo nombre, en Rumanía.

Naturalmente que no hay una prueba concluyente de que ésa sea la tumba del personaje, pero ¿acaso eso importa en las leyendas? Por otra parte, ¿cómo esperar que un ser inmortal aguarde a los simples mortales dormitando en sepulcro?

La novela de Stocker y su personaje forman parte de mi álbum de los 40 principales con derecho propio. Pocos libros son capaces de crear un ambiente tan de mi agrado, y aún menos son los que pueden presumir de haber dado a luz a una criatura que devoró por completo a su autor. Solo conozco otro caso igual, el que cerrará esta lista de preferencias.

En “Drácula” encontramos todo lo que no nos ofrece esa moderna retahíla de vampiros amanerados, metrosexuales, con piel de brillantes de Swarovski que enamoran a chicas de instituto. Drácula fascina porque es realmente terrible, aterrador y peligroso. Ingredientes que, aunque parezca extraño, son tan seductores que harán que Wilhelmina no pueda resistirse a su encanto. Ni yo tampoco.

Denn die Toten reiten schnell…

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