El 13 de Octubre de 1307, al alba y con alevosía, el rey francés Felipe IV, apodado el Hermoso, ordenó prender a la cúpula del Temple en París. Caía en camisón de dormir Jacques de Molay, el último gran maestre, y también sus más próximos colaboradores. La Orden del Temple resultaría expoliada, y ellos ajusticiados más tarde en la hoguera. Salvo en Portugal, la misma suerte corrió la Orden en otros reinos católicos, aunque sortearon el golpe camuflándose en otras órdenes militares. Pero, ¿qué fue del resto? ¿Y qué hay de los maestros canteros, vidrieros y conocedores del secreto de la traza que habían organizado el baile mágico de las piedras de las catedrales? ¿Resulta casual que unos y otros desaparezcan al mismo tiempo?

En mis libros “Los templarios y la palabra perdida” y “Las claves del Código da Vinci” (escrito éste junto a mi mejor amigo en estos asuntos, Lorenzo Fernández Bueno) terminé por ir a parar a Escocia en busca de respuestas. En concreto, a un pequeño pueblo llamado Rosslyn, a escasos kilómetros de Edimburgo, y que cuenta con una capilla construida en el siglo XV. Una capilla que algunos describen como una catedral en miniatura.

Numerosos investigadores han ayudado a relacionar Rosslyn y el Temple. Se ha propuesto desde esas versiones que algunos caballeros burlaron al rey francés en 1307, empacaron lo destacable de su sabiduría y riqueza, y cruzaron el charco. Allí, en Escocia, les esperaba con los brazos abiertos el freire William Sinclair y todos juntos fraguaron el plan: se construiría una especie de réplica, una maqueta gigante del Templo de Salomón y allá abajo, en sus mismísimos cimientos, se ocultaría lo que el Temple sabía. Así, todo volvía al principio, o casi.

¿Qué se descubriría allí, según estos autores? Pues ni más ni menos que los orígenes del cristianismo y la verdad sobre Jesús. Pero, ya lo dijimos, siendo posible que el Temple averiguara algo de ese tono en su trato con cristianos sin carné de Tierra Santa, no creemos que fuera lo prioritario de su poder. Eso no era el Secreto.

Este extraño templo ha sido definido como una construcción de clara sintonía con la masonería. Allí llegaron artesanos de diferentes lugares, tal vez descendientes de los grandes constructores de catedrales. Se afirma que entre su profusa decoración hay relieves de plantas tropicales (¿un nuevo guiño a América por parte de los templarios?), junto a símbolos celtas, templarios y masónicos. Y, para colmo, a la entrada de la capilla topamos con dos columnas que emulan las llamadas Jaquin y Boaz del Templo de Salomón.

¿A qué espera toda esa gente para hincar pico y pala en el lugar preciso? ¿O tal vez ya se hizo y no sabemos el fruto de semejante empeño?

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