LA TUMBA DE VERNE

Siete años antes de morir (algo que finamente sucedió el día 26 de marzo de 1905), Julio Verne hizo tres cosas notables. La primera fue escribir una novela extraña titulada “El testamento de un excéntrico”; la segunda, quemar una indeterminada cantidad de documentos personales, y la tercera, diseñar, en colaboración con su amigo y escultor Albert Roze, el desconcertante y espectacular mausoleo que aparece en la fotografía.

Las veces que lo visité, en el cementerio de La Madelaine de Amiens, le pregunté su secreto al creador de Nemo, Phileas Fogg, Robur y tantos otros inmortales personajes, y él me respondió remitiéndome a esas mismas criaturas. Mi secreto es el suyo, respondió. ¿No acabas de decir que son inmortales?, sonrió con ironía.

Menos suerte tuve a propósito de mi curiosidad por los motivos que llevaron a su sobrino Gaston Verne a disparar sobre él a las puertas de su casa de Amiens el día 9 de marzo de 1886. Verne se mostró hermético al respecto, de modo que le advertí que ante tamaño desaire no me quedaría otra alternativa que novelar una posible respuesta. Me desafió a que lo hiciera, no sin cierta sorna, según creí advertir.

Pues bien, lo hice, y la titulé “La tumba de Verne”. Espero que Julio sea benevolente con el resultado y acepte de buen grado que lo incluya en el álbum de mis 40 principales.

 

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