El Enigma Dickens

En junio de 1870, Charles Dickens falleció antes de terminar su última novela, El misterio de Edwin Drood. La noticia conmocionó al mundo. Los miles de lectores que habían seguido el desarrollo de la obra publicada por entregas se interrogaban sobre la suerte que habría corrido el protagonista de la misma, pues no se sabía si Drood había sido asesinado o había desaparecido por voluntad propia.

Publicación: 09/11/2018
Páginas: 512
Tamaño: 15 x 24 cm
Encuadernación: rústica con solapas
ISBN: 978-84-17418-46-5
IBIC: FA
PVP: 

El Enigma Dickens
Editorial almuzara

Sinopsis

Novela

512 paginas

Una novela inacabada, la oscura historia de una mansión victoriana, una película maldita… La única explicación posible es imposible de aceptar.

En junio de 1870, Charles Dickens falleció antes de terminar su última novela, “El misterio de Edwin Drood”. La noticia conmocionó al mundo. Los miles de lectores que habían seguido el desarrollo de la obra, publicada por entregas, se interrogaban sobre la suerte que habría corrido el protagonista de la misma, al no saber si Drood había sido asesinado o simplemente desapareció por voluntad propia.
El desenlace de esa novela se convertiría en uno de los grandes enigmas literarios de todos los tiempos. Algunos médiums trataron de contactar con el espíritu del novelista para que éste les dictara el final del libro, sin imaginar que para resolver el enigma sería preciso conjurar a todos los fantasmas en los que Dickens creía… y con los que convivía.
Cuando en 2018 el cineasta Hugo Almagro acepta escribir un guion sobre “El misterio de Edwin Drood” y dirigir una película que despeje todas las incógnitas, no sospecha que, durante el rodaje, el actor que encarna a Drood también desaparecerá.

“La ganadora del Premio Jaén 2018 le hará viajar desde el mundo victoriano al actual y vivir hechos extraordinarios, en una aventura en la que vivos y muertos parecen salidos de la pluma del propio Dickens”.

Prologo

La primera hora de la mañana siempre le había parecido la más fantasmagórica. Se trataba de una convicción que ya había confesado cuando publicó La casa encantada. Ningún momento del día resultaba más solemne a su juicio que aquel en que lo rodeaban los rostros de sus familiares dormidos. Al ver sus expresiones durante el sueño imaginaba qué aspecto tendrían cuando les correspondiera ser cadáveres.
En esos instantes de quietud y silencio que preceden al nacimiento de un nuevo día, los personajes de los libros permanecen temporalmente sin vida a la espera de un lector que los resucitase leyendo sus peripecias; unos dedos invisibles cortan la telaraña sobre la que se sostiene el teatrillo de nuestra vida; el candelabro languidece apagado; la butaca, sombríamente vacía… De hecho, la mayor parte de sus encuentros con el fantasma de Mary habían tenido lugar en los bostezos del amanecer, al igual que había ocurrido aquella noche…

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