El talismán de Raziel

Dios selló con el hombre tres alianzas, y cada una de ellas tuvo un símbolo. El Arca dela Alianzafue el segundo pacto, y el Grial, el tercero. Pero antes, en el inicio de los tiempos, Dios puso a prueba a Adán. Le exigió fidelidad y pureza a cambio de la vida eterna. El símbolo de aquella alianza fue un talismán que Dios entregó al ángel Raziel. En su interior, grabado con fuego divino, estaba el secreto más íntimo dela Creación.

Publicación: 01/01/2012
Páginas: 384
Tamaño: 15 x 24 cm
Encuadernación: cartoné
ISBN: 8441417148
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El talismán de Raziel
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Sinopsis

Novela

384 paginas

Dios selló con el hombre tres alianzas, y cada una de ellas tuvo un símbolo. El Arca dela Alianzafue el segundo pacto, y el Grial, el tercero. Pero antes, en el inicio de los tiempos, Dios puso a prueba a Adán. Le exigió fidelidad y pureza a cambio de la vida eterna. El símbolo de aquella alianza fue un talismán que Dios entregó al ángel Raziel. En su interior, grabado con fuego divino, estaba el secreto más íntimo dela Creación.

Pero Adán rompió el pacto y el talismán de Raziel se perdió… aunque no para siempre.

Enla Córdobade Abderramán III, su médico personal, Hasday ibn Saprut, recuperará aquel talismán. El paso del tiempo hará que pase por muchas manos, y otras lo anhelarán.

El lector de esta novela se verá arrastrado a una apasionante aventura que lo llevará desdela EdadMediahasta nuestros días, cuando Rodrigo Suárez de Lara, un profesor de Historia del Arte jubilado, se haga con el talismán y deposite en él la última esperanza de sanar a su esposa.

Una novela apasionante, donde se mezcla magia y aventura en un thriller que lo dejará sin aliento desde la primera página.

Prologo

Madrid. Año 2003 de los cristianos. Mes de Octubre

El coche, grande y oscuro, dobló la esquina de manera tan silenciosa que de haber tenido suficiente tiempo como para llegar a pensarlo a Gabriel Zarza le hubiera parecido irreal. Pero Gabriel ni siquiera lo vio.
Por la otra acera, una joven alta, de mucha curva en la trasera y mucha abundancia en la pechera, paseaba su palmito tentando a los demonios de la ciudad que a esa hora se despiertan.
Serían las diez de la noche y Madrid debía mostrar muchos más signos de vida, a pesar de que la tarde de aquel mes de octubre hubiera sido fría y desapacible y la jornada concluyera con un viento helador. Unas tímidas gotas de lluvia se colaron sin permiso en ese instante.
A las puertas del Círculo de Bellas Artes no se veía más personal que el formado por los últimos asistentes al acto de presentación de la que era segunda novela de Gabriel. Formaban el grupo los que se habían quedado hasta el final para pedir un autógrafo o para comer el último canapé. Y es que la editorial se había estirado aquella vez. Nada que ver con el austero, por no decir claramente pobre, acto de presentación de su ópera prima un par de años antes, cuando no era sino un oscuro periodista especializado en temas paranormales, ocultistas y otras memeces similares. Pero después de aquella aventura en el Camino de Santiago que ahora parecía muy lejana en el tiempo, todo cambió para él. Y aquella aventura se convirtió en novela, pues no podía revelar que todo cuanto allí se decía era cierto y muy cierto. Además, de haberlo hecho, hubiera violado su promesa, y de todos modos nadie le hubiera creído. Y no les quepa duda de que fue la promesa más sagrada, tal vez la única, que Gabriel Zarza había hecho en toda su vida. Pero aquella era otra historia, muy otra. Y ahora Gabriel empezaba a acuñar cierta fama como novelista con esta segunda obra.
Gabriel sonrió forzadamente otra vez, y ya iban muchas a lo largo de las últimas dos horas, a los incansables aduladores que siempre se dan cita en estos saraos literarios. Que sí, que sí, prometió a unos y a otros, que había sido un placer, que iría a ese programa de radio o que no faltaría a esa conferencia en no sabía ya en qué lugar. Lo único que quería era alejarse, llegar a casa y no pensar en nada. O quizá pensar sólo en Sol.
Una joven rubia, de pelo corto y ojos azules y generosos había tratado de abordar al autor en varias ocasiones aquella tarde. Se había jurado que lo lograría, aunque fuera lo último que hiciera en su vida. Tenía que averiguar qué tenía que ver la novela de Gabriel con la piedra azul que guardaba en su bolso, pero la muralla formada por los aduladores se lo había impedido.
La lluvia dejaba de lado su timidez por momentos y comenzaba a engordar cuando el coche oscuro enfiló en la misma dirección que Gabriel Zarza.
Una pareja salió del local instantes después. Junto a ellos lo hizo la joven rubia. Mientras, Gabriel se elajaba dándoles la espalda.
De pronto las ruedas del automóvil grande y negro rechinaron sobre el asfalto como si el conductor hubiera perdido el juicio. Al poco, unos golpes se escucharon por la calle.
¿Qué diablos era aquello?, llegó a pensar por un instante el escritor. Pero eso fue antes de sentir que algo abrasaba su hombro derecho. Alguien le empujó y cayó al suelo salvándole la vida. Entonces lo entendió.
¡Eran disparos!
Dos ejemplares de su obra fueron a parar a la acera, hostil y gris. Se escucharon gritos y el coche oscuro recuperó la cordura, se ajustó a lo que manda el código de circulación y aceleró.

Sobre la calle mojada los curiosos que se acercaron corriendo encontraron a una joven rubia herida en un brazo y a una anciana que tenía la cabeza destrozada por las balas. Junto a ellas, sangrando por el hombro derecho, estaba Gabriel, a quien la cabeza le daba vueltas. Y a la vera del escritor estaba el hombre que le había salvado la vida con un providencial empujón. Era la mitad masculina de la pareja que acababa de salir del acto literario: Vicentito, el farmacéutico.
Mientras, en el suelo, los dos ejemplares de la novela yacían también como sin vida. Uno había quedado abierto por la página tres y una gruesa gota de lluvia emborronaba un largo nombre escrito sobre el papel: Abu Yusuf Hasday ben Ishaq ibn Saprut. Sobre el otro ejemplar, que había quedado con la cubierta boca arriba, incidía la luz de la farola más próxima, como si hubiera sido colocado en un improvisado escaparate para que todo el mundo leyera su título: El talismán de Raziel…

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