Las Violetas del círculo Sherlock

¿Qué sucedería si la ficción se hiciera realidad y el detective más famoso de la literatura fuera la clave para resolver un misterio? Ahora el enigma se plantea de verdad.

Publicación: 15/02/2012
Páginas: 700
Tamaño: 
Encuadernación: cartoné
ISBN: 9788483653227
IBIC: 
PVP: 

Las Violetas del círculo Sherlock
Editorial almuzara

Sinopsis

Novela

700 paginas

Es el verano del 2009 cuando Sergio Olmos, escritor experto en Sherlock Holmes, se ve inmerso en un terrible misterio: un resucitado Jack el Destripador comienza a sembrar el terror entre las mujeres inmigrantes de su ciudad y lo elige a él como interlocutor. Previamente a cometer los crímenes, el asesino lo reta a través del envío de cinco hojas de violeta acompañadas de enigmáticos mensajes en relación a los textos de las novelas de Conan Doyle sobre el ingenioso detective Holmes.

Sergio se reunirá con algunos antiguos amigos de la universidad con los que formaba el “Círculo Sherlock”, un club dedicado exclusivamente a las historias del detective. Así, junto a los demás integrantes, irá descifrando los enigmas que el asesino le plantea.

En estrecha colaboración con la policía y la prensa, y no sin contratiempos, Sergio intentará superar el reto de desenmascarar a este nuevo destripador, con resultados un tanto imprevistos y desconcertantes.

Prologo

Sergio Olmos miró por la ventana una vez más. No se cansaba de hacerlo. Le devolvió la mirada una de las ovejas que pastaban con absoluta indiferencia en la pradera que se extendía hasta los acantilados. El animal rumiaba satisfecho, lejos de los pensamientos del hombre que había alquilado aquella casita un mes antes y que no parecía tener otra preocupación que la de leer y escribir. Ocasionalmente, Sergio había emprendido durante aquel mes algún viaje breve a destinos de los cuales sus vecinas, las ovejas, carecían de toda información.
La casa estaba alejada unos kilómetros de Cuckmere Haven. Cuando pensó en instalarse en la zona, Sergio desestimó otras posibilidades hasta que encontró aquella preciosa casita desde cuyas ventanas podía contemplar la campiña. Más allá, se alzaban las imponentes formas de las Siete Hermanas, los acantilados a cuyos pies agonizaban las olas del Canal de la Mancha antes de ser enterradas en sudario de espuma.
Nada más verla, alquiló la casa sin titubeos, y pronto la bautizó como El Refugio. La casa disponía de dos dormitorios y un cuarto de estar que no era demasiado grande, pero sí cómodo y suficiente para él. Dos grandes ventanales ofrecían una imagen impagable de los acantilados de tiza. Aquel pequeño salón contaba, además, con una chimenea que lo hacía más acogedor. Sobre la repisa de madera de la chimenea, Sergio solía clavar con un cuchillo la escasa correspondencia que recibía. Era uno de los homenajes que rendía al hombre por cuya causa estaba allí recluido. Había otros, pero solo un ojo experto podría advertirlos a primera vista, caso del nombre que había dado a la casa, o los títulos de algunos libros que poblaban la biblioteca…

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