Ensayo

Los Templarios y el Secreto de las Catedrales

Este libro propone al lector un viaje por el tiempo; una aventura mágica que invita al lector a entender de otro modo la historia del Temple y a reflexionar sobre los secretos de las catedrales góticas.

Publicación: 05/04/2019
Páginas: 312
Tamaño: 15 x 24 cm
Encuadernación: rústica con solapas
ISBN: 978-84-17797-51-5
IBIC: JFHF

ediciones almuzara
Los Templarios y el Secreto de las Catedrales

SINOPSIS

La Historia asegura que en 1118 un noble procedente de la Champaña francesa llamado Hugo de Payns se presentó ante el rey Balduino II de Jerusalén junto a otros caballeros francos y flamencos con el propósito de velar por la seguridad de los peregrinos que viajaban a Tierra Santa. Aquellos hombres fueron el embrión de la Orden del Temple.

Asimismo, la Historia afirma que la construcción de las catedrales góticas que salpicaron buena parte de Europa desde comienzos del siglo XII fue una evolución del arte románico.

La heterodoxia histórica, en cambio, recuerda que los fundadores del Temple permanecieron durante nueve años en el solar del antiguo Templo de Salomón sin que conste su participación en ninguna batalla contra los infieles. ¿Cuál fue realmente entonces su propósito? ¿Custodió el Temple algún secreto trascendente?

¿Fue casual que la construcción de las catedrales góticas coincidiera con el momento de mayor poder de los templarios y cesara tras la disolución de la Orden? ¿Quiénes fueron los maestros constructores de las catedrales y adónde fueron tras la ejecución del último Gran Maestre del Temple, Jacques de Molay?

Abrir estas páginas asemeja abrir el Arca de la Alianza… ¿literalmente?

PROLOGO

Regresé al pórtico norte de la catedral de Chartres a las 16:47 horas del día 27 de marzo.

Fue una casualidad, naturalmente. Pero fue una perfecta casualidad. 16:47 horas (1+6+4+7 =18= 1+8= 9) del día 27 (2+7 = 9) Los dígitos sumaban nueve, el familiar número templario.

Habían pasado varios años desde mi anterior visita, pero por un momento me parecieron siglos.

Contemplé el impactante Pórtico de los Iniciados desde el peldaño inferior de la escalinata. Melquisedec, Abraham, Moisés, David, Jeremías, Simeón, san Juan Bautista y san Pedro me observaron con displicencia. Por un momento, la gravedad de su gesto me incomodó. 

Era una tarde gris, ventosa y fría. Estaba a solas con los setecientos personajes esculpidos por las maravillosas manos anónimas de los compañeros medievales y me esforcé por olvidar las miradas que me dedicaban aquellos incómodos testigos mientras fotografiaba los dos capiteles que más me interesaban en aquel momento. En uno de ellos se representaba el Arca de la Alianza transportado en un carro tirado por una pareja de bueyes (<<Pusieron el Arca de Dios en un carro nuevo y la sacaron de casa de Abinadab…>> Samuel II, 6,3); en el otro, un hombre cubría el Arca con un velo en una escena rodeada de cadáveres y con la presencia de, al menos, un caballero. Las imágenes se acompañan con dos leyendas: Archa Cederis, y Hic Amititur Archa Cederis. Dos frases extrañas, ambiguas…

Ir al contenido