Llegó cuando el sol estaba en lo más alto

Llegó cuando el sol estaba en lo más alto

Llegó cuando el sol estaba en lo más alto.
Había ascendido por la garganta del río Plisto procedente de Corinto. Nadie sabía su nombre porque él a nadie se lo decía. Su antigua identidad había muerto tiempo atrás, durante aquel rito en honor de Deméter en el santuario de Eleusis.
El comerciante que ahora contemplaba el oráculo de Delfos dispuesto a enfrentarse a la verdad revelada por la Pitia era un hombre diferente, renacido, consciente de quién era y quién había sido antes de nacer.
Entornó los ojos, heridos por el sol de la tarde de verano, y admiró el monte Parnaso que dominaba el valle. Se felicitó por vivir en el tiempo de Sócrates y Pericles. Había podido admirar la obra de Fideas y disfrutar del talento de Esquilo, Sófocles y Eurípides. Ni siquiera la Guerra del Peloponeso, cuyas larvas negras nadie ignoraba ya, le restaban equilibrio a su vida.
Ató la montura al tronco de una higuera y acomodó en otra a los dos asnos que transportaban la mercancía que vendía aquí y allá. Después, eligió un olivo bajo el cual dormitar hasta que el sol cayera. Su encuentro con la Pitia estaba fijado al anochecer.
Durmió plácidamente durante varias horas, al cabo de las cuales despertó

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