Solo soy el tipo que pasea por el pueblo con un perro y habla con él

Solo soy el tipo que pasea por el pueblo con un perro y habla con él

No sé qué le ven de atractivo a las guerras. Las banderas me dejan frío, me da calor la vida.
No sé cuál es la voluntad de los dioses, si es que existen. Los que habéis leído “La pintora de bisontes rojos” ya conocéis mi humilde concepto de la espiritualidad.
No sabría dirigir un país. Muchas veces, ni siquiera me sé dirigir a mí.
No sé cuáles son los planes de los Moriartys de turno a propósito del orden mundial. Mi casa está en un pueblecito del norte de España. Desde aquí, no tengo perspectiva suficiente para saberlo. Me admiran quienes sí dicen conocer lo que trama esa gente. ¿Cómo se habrán enterado?
No sé cómo podrías ser feliz, tener más éxito en la vida, sanar tus heridas y enseñarte a volar. Me resultaría imposible escribir un manual sobre esos temas. ¿Autoayuda es ayuda en carretera?
No sé reír todo el rato y hablo muy poco, de modo que no tengo un canal de Youtube.
No sé por qué hay que escribir en inglés lo que se ha dicho y escrito en español toda la vida.
No sé si el Universo conspira para que mi deseo de terminar una nueva novela se cumpla. Me da por pensar que al Universo le trae sin cuidado y que tal vez tenga que hacer yo algo al respecto: ¿leer mucho hasta gastar la vista un poco más? ¿Trabajar durante años?
No sé si conozco exactamente la “realidad”, porque no me informo por Internet.
Con todo lo que acabo de confesar, si yo fuera uno de vosotros no sé si estaría con alguien como yo, que no sabe nada de nada.
¿Qué se puede esperar de alguien que lee libros y que escribe en su scriptorium con la disciplina de un monje anacrónico?
En el mundo actual, soy más inútil que una espada en tiempos de paz.
Solo soy el tipo que pasea por el pueblo con un perro y habla con él.

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